Ensayo crítico
El laberinto como metáfora en Borges
The labyrinth as metaphor in Borges
Pocos símbolos recorren la obra de Jorge Luis Borges con tanta insistencia como el laberinto. En cuentos como "El jardín de senderos que se bifurcan" o "La casa de Asterión", el laberinto deja de ser un mero espacio físico para convertirse en una representación del universo, del tiempo y de la propia mente humana.
En "La casa de Asterión", Borges reescribe el mito del Minotauro desde la perspectiva del monstruo. El lector descubre, casi al final, que el narrador solitario que describe su casa infinita es la criatura a la que Teseo dará muerte. El efecto es doble: por un lado, humaniza al monstruo; por otro, obliga al lector a cuestionar la fiabilidad de todo narrador.
"El jardín de senderos que se bifurcan", en cambio, propone un laberinto temporal: una novela en la que todas las posibilidades ocurren simultáneamente. Se ha señalado a menudo que esta idea anticipa, de manera intuitiva, ciertas interpretaciones de la física cuántica sobre los mundos posibles.
Cabe preguntarse, pues, si el laberinto borgiano es una prisión o una forma de libertad. Quizá la respuesta resida en la ambigüedad misma: perderse en el laberinto es, para Borges, la condición inevitable de quien piensa.